El 26 de enero de 1983, los periodistas Willy Retto, Jorge Luis Mendívil Trelles, Eduardo de la Piniella, Octavio Infante, Amador García, Pedro Sánchez, Félix Gavilán y Jorge Sedano Falcón llegaron a la alejada comunidad ayacuchana de Uchuraccay. Nunca más regresaron.

En un confuso incidente los ocho periodistas, junto a su guía, fueron acusados de ser terroristas y posteriormente asesinados por los comuneros de la zona. De poco sirvieron las identificaciones y las palabras para aclarar la situación (incluso uno de los comuneros de la zona los defendió pero sufrió el mismo destino). Los campesinos habían recibido instrucciones estrictas de altos mandos de la Guardia Nacional de tratar con hostilidad a todos aquellos que llegaran a la zona por automóviles.

Los enemigos llegan por tierra y los amigos por el aire [refiriéndose a los helicópteros que usaban los militares]“, fue el mensaje que supuestamente les dijeron a los pobladores.

Superando la desesperación de saber muy bien que el lugar al que serían llevados sería el último al que llegarían con vida, el fotoperiodista Willy Retto, del diario El Observador, retrató la que sería la escena de su muerte y la de sus colegas. Las fotos reflejan con perfección la tensión del momento y transpiran el valor del periodista que continuó con su labor hasta el final.

Luego de una comisión investigadora y cinco años de proceso judicial, dos comuneros fueron condenados a quince años de prisión, mientras que un tercero que se encontraba esperando la sentencia, falleció en la cárcel.

Hoy, 34 años después, los familiares de las víctimas exigen que se determine la responsabilidad política de los miembros de las Fuerzas Armadas por los hechos ocurridos. Ellos piden justicia y no son los únicos: a lo largo de los años la comunidad campesina sufrió la pérdida de 135 de sus miembros a manos de la violencia terrorista de Sendero Luminoso.

Esta comunidad, que continúa perdida en el mapa, jamás permitirá que el olvido frivolice lo que sucedió en aquellas décadas indescriptibles. Y nuestros jóvenes tampoco lo harán.

A través de su Taller de Periodismo de Investigación, los alumnos de la UPC ponen el ejemplo con un blog en el que recuentan los hechos de la década de muerte que azotó al país.

Y es que recordar e informar a las nuevas generaciones es una forma de reivindicar a las víctimas de la violencia y a aquellos que se sacrificaron para llegar a la verdad. Nosotros, como miembros de una sociedad que engendró tanto dolor, se los debemos.

CRONOLOGÍA DE LOS HECHOS:

 

Tras años de olvido, así luce Nueva Uchuraccay (el poblado original se mudó luego de los constantes ataques terroristas) en nuestros días:

 

 

 

Fuente:

larepublica.pe

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