Jaime Antezana Rivera.

El 12 de setiembre, el día de la captura de Abimael Guzmán, Sendero Luminoso fue derrotado. Fue una derrota política y militar de contenido estratégico. ¿Porque fue una derrota de contenido estratégico? Porque esa captura no solo represento la derrota de la principal organización terrorista sino porque cambió radicalmente el curso global de los hechos del Perú. Ese hecho fue un parteaguas. Un antes y después.

Ese día, el país cambio. Era otro. La sensación de inviabilidad del país que domino a la mayoría hasta el momento de la captura del mal llamado “Pensamiento Gonzalo” dio paso a la pacificación y afirmación nacional. De jubilo nacional. Por el golpe letal de alta inteligencia del GEIN en el vértice cefálico del senderismo asesino, la violencia terrorista de SL decayó abruptamente sin desaparecer inmediatamente.

En octubre de 1993, tras las conversaciones “académicas entre Guzmán y Vladimiro Montesinos por un año, SL se dividió: entre los que estaban con el llamado a luchar por un “acuerdo de paz” que no era viable y “Proseguir”. Por eso, la violencia terrorista de la facción escisionista de SL, liderada por “Feliciano”, continuo hasta mediados de 1999. En Lima dejo de haber actos terroristas de SL en 1997.

La captura de “Feliciano”, el 14 de julio de ese año, puso fin a lo se llamo la violencia terrorista en el Perú. El accionar del MRTA acabo un año antes: en 1998, con el develamiento de la toma de la casa del embajador de Japón y el secuestro de decenas de personas perpetrado por el ultimo grupo armado de esta organización. Ese develamiento, que acabo con todos los emerretistas muertos, cerro la violencia terrorista del MRTA.

Han pasado exactamente 20 años sin violencia terrorista. Ni hay, en estos momentos, organizaciones terroristas activas en el país. Los trapos rojos con la hoz y el martillo, las pintas rojas del PCP o alusivas a “Gonzalo”, las granadas y explosivos que aparecieron en diversos lugares de Lima, han sido obra de sectores interesados en mantener el “cuco” del terrorismo. O, utilizados por sectores inescrupulosos para atemorizar por problemas domésticos.

Más aún: las organizaciones que practicaron el terrorismo tomaron caminos de incorporación a la vida política legal. Los senderistas libres y sus simpatizantes no senderistas buscan participar de las elecciones a través del Movadef o Fudepp. Por su parte, el MRTA se autodisolvio y sus militantes individualmente se han incorporado a la vida política legal en diversas organizaciones políticas de izquierda e independientes. Incluso, la mayoría de ellos han pedido perdón.

Hoy, el terrorismo no es una amenaza a la seguridad nacional. Y, ¿es posible que vuelvan al terror? Todo indica que no. Nadie en su sano juicio se prepara para volver a una aventura violentista estampando su firma, nombres y apellidos y huella digital en planillones del JNE como hicieron los del Movadef en 2011. Y, el año 2015, en el Fudepp. Incluso, han mostrado sus rostros y sus actividades están en paginas web.

¿Son senderistas los que actúan en el VRAEM? El accionar armado de los hermanos Quispe Palomino post “Feliciano”, esta asociado a la protección y a facilitar el trafico de drogas (PBC y cocaína) por caminos de herradura que salen del VRAEM. Ese es el sentido de las emboscadas a policías y militares. La última emboscada en Churcampa lo revela: fue por el decomiso de una tonelada de insumos químicos. También por cobro de cupos y robo de droga.

La violencia del clan Quispe Palomino esta indisolublemente vinculada al narcotráfico. No solo eso. Entre el 2001 hasta el 2008, tuvieron sus propios cultivos de coca y procesaron PBC y, en la zona de Bidón, en Vizcatan, tuvieron tres laboratorios de refinamiento de cocaína. Se trata, pues, contra lo que piensa la mayoría, de una firma armada del narcotráfico encargada de facilitar la distribución de la cocaína del VRAEM. Es el clan Quispe Palomino.

Sin embargo, la organización armada del clan Quispe Palomino no son los únicos actores de emboscadas a policías y soldados. Desde 1999, en los caminos de herradura se han producido innumerables enfrentamientos entre mochileros armados y sus grupos de seguridad con policías, soldados y, en muchos casos, bandas de asaltantes de drogas. Reales zonas de narcoguerra (Oronccoy, en Apurímac y Putis y Tircos, en Huanta, etc.) existen en los caminos de herradura.

La violencia que esta viviendo las rutas de salida de la droga del VRAEM es narcoviolencia. Las diversas formas de narcoviolencia (enfrentamientos y ajustes de cuentas), desde el 2005, ha configuro una narcoguerra en curso que el Estado se esta enfrentando con una estrategia antiterrorista. Una estrategia militar antiterrorista en una zona donde donde los ex senderistas son narcotraficantes y, a la vez, chalecos de estos.

Otra paradójica es que hay, según el ministro de defensa, 9600 soldados y 58 bases militares en la zona de mayor producción de cocaína del Perú y el mundo: hay no menos de 30 mil hectáreas de coca y, más o menos, una producción de 250 toneladas de cocaína. Ese es el problema monumental que no se enfrenta. ¿Porque? El “terrorismo”, “sendero” o “narcoterroristas” justifican esa estrategia.

Por otro lado, los enfrentamientos entre narcotraficantes y policías no se circunscribe al VRAEM. Desde el 2004 hasta el 2012, hubo un escenario de narcoguerra en el Alto Huallaga (Huánuco y San Martín). Entre el 2006 hasta el 2010, el Bajo Amazonas (Ramón Castilla, Loreto) también fue escenario de narcoguerra: los enfrentamientos entre el grupo armado de Jair Ardela Michue, alias “Javier”, con la policía nacional y policía federal de Brasil y ajustes de cuentas conmovieron la zona.

Entre el 2013 hasta el 2016, la zona de Pichis-Palcazu (Oxapampa, Pasco), , fue escenario de cruentos enfrentamientos armados entre narcotraficantes y policías, particularmente en pistas de aterrizaje donde aterrizan las narcoavionetas bolivianas. En la región Puno, particularmente, la provincia de Sandia, entre el 2008 hasta el 2015, también hubo enfrentamientos armados entre narcotraficantes y policías.

En regiones como Apurímac, Ucayali, Huancavelica, Piura, Tacna, Ancash, La Libertad y la misma ciudad de Lima se han producido enfrentamientos armados entre narcotraficantes con policías. El único ataque que no fue a la policía fue el ataque a Gerald Oropeza, en San Miguel. Fue un ataque ordenado por alguna firma narco. A ello se suma los ajustes de cuentas por sicarios narco. El Callao es un caso paradigmático. Tumbes ya es una zona de una intensa narcoviolencia.

En suma, el Perú ha pasado de la violencia terrorista a la narcoviolencia y el desborde de la violencia delincuencial que ha puesto en riesgo la seguridad nacional y la seguridad ciudadana en las calles. Y es el narcotráfico que esta a la base de estos dos fenómenos que ha desbordado sin control por todo el país. Pero la violencia delincuencial (delincuentes comunes y bandas organizadas) es -en gran medida- producto del narcotráfico. Este los articula.

En consecuencia, la principal amenaza a la seguridad nacional es el narcotráfico y no el terrorismo. Ese es el principal problema que el Estado tiene que enfrentar. Por ello, no es suficiente que el gobierno se haya concentrado en la desarticulación de las bandas delincuenciales y no enfrentar al narcotráfico, el magma que da origen o influye decisivamente en la formación de las bandas que protagonizan los más audaces asaltos en Lima y el interior del país.

Si, como vemos, el gobierno no enfrenta la causa principal de la violencia delincuencial, el narcotráfico, que a alterado la vida de los pobladores de todas las regiones estas formas de violencia seguirán incrementando bajo la impronta mexicana y colombiana. Aparecerán nuevas bandas organizadas y grupos armados, como en Madre de Dios y Loreto, que es una forma como el narcotráfico controla las rutas de la droga y domina los espacios urbanos.

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Jaime Antezana Rivera

Consultor e investigador social de la problemática del narcotrafico en el Perú (1998-2015) y sus múltiples aspectos: amapola, coca, cocaína, látex de opio y morfina, violencia, política narcovuelos, lavado de activos en el Perú: Con diversas publicaciones (artículos, ensayos y papers temáticos y regionales y colaborador en cuatro libros) de este problema para el desarrollo, la seguridad y gobernabilidad . Investigador y analista de conflictos sociales (2008-2015) en las regiones con presencia de narcotrafico y violencia narcosenderista. Con experiencia y publicaciones (artículos, papers y ensayos) de regiones del norte del país (Amazonas,Cajamarca, Piura y La Libertad), Puno y Madre de Dios. Promotor e Investigador social de la problemática del desplazamiento forzoso (1988-1998) producto de la violencia política que el Perú vivió en los 80 y parte de los 90; promotor e investigador del retorno y repoblamiento de los desplazados a sus comunidades de origen en Ayacucho, Huancavelica y Apurimac, post conflicto. Investigador social de la violencia terrorista de Sendero Luminoso, las Fuerzas Armadas, los Comités de Autodefensa Campesina y las secuelas de la violencia política (1991-2015) en Ayacucho, Huancavelica, Apurímac y Junín y, desde 2007-2008, en el Valle del Río Apurímac y Alto Huallaga.

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