Jaime Antezana Rivera.

El Perú vive una narcoguerra. Desde 1999, cuando empezó el nuevo ciclo del narcotráfico en el VRAEM y el país y con diferencias de grado e intensidad, la narcoguerra empezó y ha seguido un curso de mascendente y expansivo. El VRAEM (2001) y el Alto Huallaga (2004) fueron las zonas donde empezó esta narcoguerra confundiéndose con el “terrorismo”. Con el paso del tiempo, los datos de la realidad lo confirman una y otra vez.

A contrapelo de este nuevo proceso de violencia, los cuatro gobiernos del siglo XXI no se atreven a reconocerlo como tal: un nuevo conflicto armado asociado al narcotráfico. Así, tenemos una narcoguerra en curso que lo han encasillado -sin serlo- en el termino “narcoterrorismo” o “terrorismo” y aplicando estrategias que no corresponden a la naturaleza del problema: en el VRAEM, los militares como alternativa. .

Eso es lo que esta pasando principalmente en el VRAEM. En otras regiones, donde la narcoguerra se amplió y extendió, es tratado como una mera labor policial. No se asume que lo que hoy esta viviendo el Perú es una narcoguerra como una de las formas mayores de violencia del narcotráfico. Narcoguerra y violencia criminal que no tienen nada que ver con el terrorismo que el país vivió entre 1980 hasta 1999.

De las diversas formas de violencia del narcotráfico hay una que ocurre en las zonas de producción y rutas de droga: son los enfrentamientos armados entre narcotraficantes con policías, bandas de asaltantes y, eventualmente, militares. Es la intensificación, a partir del 2004-2005, de estos enfrentamientos armados, que incluye el accionar de las organizaciones que fueron de SL, la que configura la narcoguerra.

A diferencia de las acciones de los ex grupos armados de SL, si bien se trata de enfrentamientos armados inopinados y rápidos, sin embargo, son feroces y brutales que están dejando a su paso una estela de muerte y heridos en carreteras vecinales o caminos de herradura. Eventualmente, los narcotraficantes huyen. Dos casos, ocurridos a fines de octubre y la segunda semana de este mes, lo ilustra.

Sandia: Enfrentamiento entre narcos y policías en Victoria.

El domingo 29 de octubre, alrededor de las 8.30 am, en el Centro Poblado Victoria, distrito de San Pedro de Putina Punco, Sandia, Puno, tuvo lugar, según La República, un “feroz enfrentamiento” entre “Miembros de la Policía Nacional del Perú…con narcotraficantes en medio de un operativo para decomisar más de 200 kilos de clorhidrato de cocaína” (http://larepublica.pe/sociedad/1140309-puno-en-feroz-enfrentamiento-policias-decomisan-mas-de-200-kilos-de-clorhidrato-de-cocaina).

¿Como empezó el enfrentamiento? “Autoridades informaron que los sospechosos, al ver la presencia los criminales, abrieron fuego contra los agentes antinarcóticos produciendo una tenaz balacera. Los traficantes lograron huir hacia tierras bolivianas abandonando la carga de droga y municiones para FAL y AKM 7.62” (Ibíd). Además, señala: “En el lugar fueron decomisados 7 sacos de polietileno, que tenían en su interior do 210 paquetes de droga…” (Ibíd).

Esa es la versión oficial. Existe, sin embargo, otra versión. “Los policías de inteligencia han estado en la zona haciendo seguimiento a la carga que iba a salir. Más o menos a las 7 am del domingo 29, ocho policías los han esperado en una hoyada e inmediatamente los han reducido con disparos. En el lugar de la intervención habrán estado como un hora, de 7 am a 8 am, con los ocupantes de la camioneta que transportaba la droga a Intipampa”, relato una fuente local.

Según esta fuente, los agentes policiales en dos camionetas los habrían interceptado e intervenido de sorpresa cuando pasaban un riachuelo y no -como señalan la mayoría de medios- fueron los narcotraficantes los que dispararon primero a los policías. Fueron los policias los que dispararon de sorpresa a la camioneta. Es decir, no habría habido enfrentamiento.

El factor sorpresa y la superioridad de los policías era evidente. De otro lado, según lo señalado por la fuente local, no habrían participado 100 policías en el operativo, sino ocho: cuatro en cada camioneta que intercepto con disparos la camioneta que transportaba la carga de droga. En suma, solo participaron el grupo de efectivos policiales que estuvieron realizando labores de inteligencia en la zona.

El testimonio parece sensato. No es posible, a no ser que se realice una operación de destrucción de pozas de maceración, movilizar a tantos policías para un decomiso. La Nota Informativa No 303-2017-SDGPNP/X-MACREPOL esta en esa línea: los policías de Sandia y San Juan del Oro fueron convocados como refuerzos a las 12.15 del domingo 29. ¿Si había 100 policías en el área para que pidieron refuerzos? Eso lo debe explicar la PNP.

Lo concreto es que ese día se decomiso más de 200 kilos de cocaína a los narcos cuando estaban muy cerca de cruzar la frontera a Bolivia. Lo que llama la atención es, si aceptamos que participaron 100 policías, porqué no lograron detener a los narcotraficantes. O por otra razón a saber: la zona del decomiso no es, como señala Perú 21, selva espesa para que los narcos puedan escabullirse. ¿Por que no hay detenidos?

Chungui: enfrentamiento entre “mochileros” y asaltantes de drogas.

Diez días después de lo ocurrido en Sandia, Puno, el martes 7 de noviembre pasado, en horas de la noche, en el sector de Espinco, ubicado en el distrito de Chungui, provincia La Mar, región Ayacucho, en los Valles de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem), una banda de asaltantes o “arranchadores” asesinaron a dos mochileros. De acuerdo a una nota publicada en el facebook señala:

“Los hechos se produjeron la noche del martes 07 en circunstancias que un grupo de personas presuntamente “mochileros” se desplazaban por un camino ubicado a 4,000 metros sobre el nivel del mar (m.s.n.m.) en la parte más alta de la comunidad campesina de Espinco, por circunstancias que son aún materia de investigación”. Espinco es una zona remota donde difícilmente habrá una investigación sobre este hecho.

Según misma nota, los “mochileros” fueron asesinados en una emboscada. “Según las primeras informaciones policiales, el grupo fue emboscado y atacado a balazos desde los cerros por supuestos arrebatadores de droga que constantemente se dedican a cercar a los grupos de “mochileros” que transitan por este sector desde el Vraem rumbo a la ciudad de Andahuaylas”
(http://elportal.pe/2017/11/10/vraem-mochileros-son-acribillados-en-la-ruta-chungui-andahuaylas/).

Los mochileros fueron asesinados en un ataque feroz. “Trascendió que la feroz balacera y detonación de explosivos fueron escuchados por los comuneros de Espinco y Rumichaca, quienes muy asustados se refugiaron en sus hogares” (Ibíd). El enfrentamiento fue no solo a balazos, sino con explosivos que retumbaron la tranquilidad de los comuneros de dos comunidades cercanas al lugar.

Por eso, recién en la mañana del miércoles 8 los pobladores informaron a las autoridades para el levantamiento de los cadáveres de Jorge Munarez Najarro y Darío Aldonate Herrera. Ahí se pudo observar que estos habrían sido asesinados con proyectiles de armamento de largo alcance o “armamento de guerra”. Es decir, que lo que ocurrió en esa zona de la “oreja de perro” es un enfrentamiento armado con armas de guerra.

Narcoguerra a la mexicana.

Los dos casos, si bien no son enfrentamientos entre los carteles y las fuerzas de seguridad o entre estos como ocurre en México, son enfrentamientos armados entre narcotraficantes de una firma local y policías (Sandia) y mochileros y “arranchadores” (Chungui) con armas largas o de guerra y hasta explosivos. En la primera se impuso la policía; en la segunda, los asaltantes.

Son enfrentamientos por la droga. Unos, los narcos y “mochileros”, por defender la “merca” y llevarlo a su destino. Los otros, los policías y bandas de asaltantes, por controlar el trafico ilícito de drogas o por asaltar la “merca” y revenderlo a otra firma. Tambien han habido casos en los que efectivos policiales realizan “operativos” para decomisar/quedarse con la merca con enfrentamiento armado con los “mochileros”.

Ahora, no se trata de hechos nuevos en Puno ni Chungui. En el caso de Sandía, los enfrentamientos entre narcotraficantes y policías data del 2006, 2008 y 2010 particularmente, en pistas de aterrizaje. Y en el caso de Chungui es un hecho que ocurre frecuentemente en los caminos de herradura que los “mochileros” o “cargachos” recorren para llevar la droga a Andahuaylas.

La ruta Chunqui-Andahuaylas es una zona de narcoguerra. Sandia puede ir en ese camino. En ambos casos, con notables diferencias de proporciones, es una narcoguerra a la “mexicana”. Es decir que lo que predomina es la confrontación armada para proteger/robar la droga. Y lo que es peor: no hay nada que indique que esta narcoguerra, abierta y dinámica, vaya a parar. Continuará.

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Jaime Antezana Rivera

Consultor e investigador social de la problemática del narcotrafico en el Perú (1998-2015) y sus múltiples aspectos: amapola, coca, cocaína, látex de opio y morfina, violencia, política narcovuelos, lavado de activos en el Perú: Con diversas publicaciones (artículos, ensayos y papers temáticos y regionales y colaborador en cuatro libros) de este problema para el desarrollo, la seguridad y gobernabilidad . Investigador y analista de conflictos sociales (2008-2015) en las regiones con presencia de narcotrafico y violencia narcosenderista. Con experiencia y publicaciones (artículos, papers y ensayos) de regiones del norte del país (Amazonas,Cajamarca, Piura y La Libertad), Puno y Madre de Dios. Promotor e Investigador social de la problemática del desplazamiento forzoso (1988-1998) producto de la violencia política que el Perú vivió en los 80 y parte de los 90; promotor e investigador del retorno y repoblamiento de los desplazados a sus comunidades de origen en Ayacucho, Huancavelica y Apurimac, post conflicto. Investigador social de la violencia terrorista de Sendero Luminoso, las Fuerzas Armadas, los Comités de Autodefensa Campesina y las secuelas de la violencia política (1991-2015) en Ayacucho, Huancavelica, Apurímac y Junín y, desde 2007-2008, en el Valle del Río Apurímac y Alto Huallaga.

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