LIMA – Las palabras del Papa han permanecido inauditas. Letra muerta Mientras Francisco, rodeado por los indios de Puerto Maldonado, en la selva peruana, denunció alarmados los riesgos que corre el Amazonas para la acción devastadora de los cortadores de árboles y los mineros ilegales, el Parlamento aprobó en secreto el proyecto de ley que autoriza la construcción de una carretera que conectará a Perú con Brasil cortando los pulmones del mundo en dos.

La disposición se publicó en el Boletín Oficial y está en funcionamiento. Es un camino de dos carriles, de 227 kilómetros de largo, que unirá Puerto Esperanza, en el noreste del país, en Iñapari, en la frontera con el Estado de Acre, en Brasil. A pesar de cruzar cinco parques nacionales, incluidos los de Alto Purus y Manu, en las motivaciones de la norma, el camino se considera “una prioridad de interés nacional”.

El interés es obviamente barato. Perú busca expandir sus mercados al lado atlántico del continente; Brasil necesita explotar los lazos asiáticos de su vecino. Necesidades convergentes. Una línea de conexión y transporte por carretera facilitaría el comercio. Pasar por Amazon significa ahorrar tiempo y dinero. El resto, el daño ambiental, la erosión de nuevas rodajas de verde, las consecuencias climáticas debido al desequilibrio que se derivará de él, son factores secundarios. Se trata de elegir.

Con el respaldo de una mayoría cada vez más precaria, criticada por conceder el perdón al ex dictador Alberto Fujimori a cambio de ocho votos que impidieron la destitución, el presidente Pedro Pablo Kuchynski cede a las presiones de los lobbies industriales y madereros y los lanza una ley que viola los compromisos internacionales asumidos en términos de protección ambiental y calentamiento global. Pero, sobre todo, amenaza la supervivencia de al menos cinco grandes comunidades indígenas que “viven en aislamiento voluntario”, explica Lizardo Cauper, jefe de la Federación Peruana de Pueblos Originarios de la Amazonia (Aidesep). “El proyecto”, dice el activista, “no crea ninguna ventaja para la población local, es un área con personas extremadamente aisladas que son muy vulnerables”.

Las obras de la autopista atraerán a miles de garimpeiros, mineros ilegales, traficantes y mercenarios. La zona es rica en árboles de caoba, madera preciosa requerida sobre todo en Europa.

Julia Urrunaga, directora en Perú de la Environmental Investigation Agency (EIA), una ONG británica involucrada en Amazonia, recuerda que el 95 por ciento de la deforestación se lleva a cabo

a menos de 6 kilómetros de la futura autopista. Junto con la red de las muchas rutas que se rastrearán, la planeada podría hacer que se corten los 2.750 kilómetros cuadrados de verde, de acuerdo con el mapeo satelital trazado por el proyecto de Monitoreo de la Amazonía Andina.

Fuente:

DANIELE MASTROGIACOMO
repubblica.it

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